¿Qué comía Marilyn Monroe? Aquí está
La alimentación de Marilyn Monroe siempre ha despertado curiosidad, no solo por su fama como ícono del cine, sino también por sus hábitos poco convencionales. En sus propias palabras:
“Me encanta la comida siempre que tenga sabor. La comida insípida no la soporto. Suelo cenar un filete con ensalada verde, y también desayuno cuando tengo mucha hambre. Evito los pasteles; antes me encantaban, y el helado también. No tomo postres, salvo fruta. Simplemente no me gusta el sabor de los pasteles. De pequeña sí, pero ahora los detesto. En cuanto a los dulces, me son indiferentes, aunque normalmente los dejo. Pero me encanta el champán: con champán y buena comida, soy feliz y estoy en la gloria. Eso es lo que mueve el mundo.”
Esta declaración resume bastante bien dos rasgos de su estilo: primero, una preferencia por comidas con sabor y carácter; segundo, un tratamiento casi ritual de alimentos sencillos unidos a indulgencias muy concretas.
Un desayuno singular
Según un artículo de British Vogue que revisó sus rutinas, Marilyn confesó que su desayuno consistía en una taza de leche caliente con dos huevos crudos batidos, junto a una vitamina. En ese mismo artículo se detalla que su cena habitual era un filete, cordero o hígado, acompañado por unas cuantas zanahorias crudas. “Debo de ser medio conejo; nunca me canso de las zanahorias crudas”, llegó a decir.
Viaje al mundo de sus comidas favoritas
El portal Tasting Table ha recopilado alrededor de 14 comidas y bebidas que Marilyn amó, desde su icónico filete hasta un helado con salsa caliente, pasando por chuletas de cordero, pudding de arroz y, cómo no, champán. Estos datos ponen de relieve que, aunque seguía dietas altas en proteínas, también se permitía ciertos placeres, como su helado después de clases de interpretación o una copa de champán para brindar.
Sencillez con estilo
Lo que se aprecia es una fórmula bastante consistente: comidas simples, pocos acompañamientos, mucha proteína y verduras crudas cuando comía solo, y luego indulgencias puntuales. Ella misma dijo que “hace bien el comer simplemente durante el día, porque últimamente me he acostumbrado a parar en la heladería para un sundae de chocolate caliente”
¿Qué nos dice su dieta de ella?
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Autenticidad: No buscaba dietas extremas, sino comidas que le gustaran y que tuvieran sabor.
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Control y rutina: A pesar de su fama y vida frenética, mantenía hábitos definidos (como las zanahorias, los filetes, la leche con huevos).
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Autocomplacencia con límites: Permitía indulgencias (helado, champán), pero casi siempre después de un día de comidas sobrias.
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Contraste público/privado: Su alimentación sencilla contrasta con la imagen glamorosa que proyectaba, lo cual añade una capa humana a su leyenda.
Un punto final con burbujas
No podemos cerrar sin su amor público por el champán, que cita en su frase y que aparece en varios listados de sus gustos. Para Marilyn, una buena comida con champán era “el motivo por el que el mundo gira”. Esa combinación resume bien lo que buscaba: sabor, placer, elegancia sin excesos innecesarios.
En resumen, la dieta de Marilyn Monroe no es un catálogo de rigideces absurdas, sino la de alguien que vivía entre dos mundos: el de la estrella de cine y el de la persona que quería comer bien, disfrutar, y al mismo tiempo cuidarse. Si quieres, más adelante podemos ver cómo estos hábitos cambiaron según los rodajes, las dietas hollywoodienses o la imagen pública que se construyó de ella.




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