Marilyn Monroe: Más allá de la comedia

Marilyn era especialmente conocida por sus comedias y no es difícil entender por qué: basta mirar sus cinco películas más exitosas —Some Like It Hot (Con faldas y a lo loco) como número uno con diferencia, seguida por Gentlemen Prefer Blondes, The Seven Year Itch, How to Marry a Millionaire y Bus Stop— para ver que el público la asoció masivamente con la risa y el encanto ligero. Cuatro de esas cinco son comedias en sentido estricto y la quinta, Bus Stop, es una comedia dramática donde la carcajada convive con el trabajo emocional. Esa concentración de éxitos explica que la imagen popular de Marilyn haya tendido a reducir su figura al gag, la rubia explosiva y la pose icónica, pero su filmografía completa muestra otra realidad: una intérprete capaz de moverse con garantías por muchos géneros distintos.


Antes de entrar en géneros concretos, conviene matizar las variedades de comedia en su obra. Marilyn trabajó las comedias puras —Some Like It Hot, The Seven Year Itch, How to Marry a Millionaire— donde el motor es el gag, la situación y el tempo; las comedias musicales —Gentlemen Prefer Blondes— donde el número canta/baile es parte esencial de la narración; las comedias románticas —The Prince and the Showgirl, Let’s Make Love— centradas en la relación sentimental; y las comedias dramáticas —Bus Stop— en las que el humor convive con una carga emocional fuerte. Las comedias puras de Marilyn fueron, además, sus títulos más populares y las que construyeron su fama global. No es casual que muchos consideren a Marilyn entre las mejores actrices cómicas de la historia: su control del timing, del gesto y del juego físico y vocal en clave de humor era formidable.

Dentro de la comedia, hay actuaciones que merecen una mención especial. Su Elsie Marina en The Prince and the Showgirl es probablemente su mejor actuación casi completamente cómica: un trabajo de carácter, timing y matiz que combina inteligencia y ritmo. Sugar Kane en Some Like It Hot, por su parte, es una interpretación de comedia mayúscula, pero más compleja porque incorpora componentes dramáticos y musicales que la enriquecen: no es “solo” gag, es personaje con capas. Esa diferencia es importante para entender por qué reducir a Marilyn a “solo comedia” es injusto y demasiado simple.


Ahora, yendo género por género, conviene detenerse en el thriller psicológico. Don’t Bother to Knock es un claro ejemplo: aquí Marilyn encarna a una joven mentalmente inestable cuya presencia genera peligro y tensión creciente. La película funciona como thriller psicológico porque explora ansiedad, vulnerabilidad y amenaza desde el punto de vista del personaje; hay momentos que se acercan al terror por la sensación de peligro y claustrofobia. Es una Marilyn intensa, contenida y creíble en la fragilidad; ya en estos papeles tempranos se ve su capacidad para transmitir perturbación interna sin gesticulaciones gratuitas.

En la línea del thriller criminal / noir suave está Niagara. No es un noir clásico al estilo de The Big Sleep, pero sí un thriller cargado de sexualidad, violencia latente y suspense. Marilyn aparece como figura seductora y peligrosa, y la fotografía, el montaje y la narrativa alimentan la sensación de amenaza. En Niagara predomina el drama y la tensión criminal; sin embargo hay destellos —casi por contraste— de algo cercano a la ironía y de pequeñas variaciones tonales que hacen el papel más interesante todavía.


El western de aventuras es otro registro en el que Marilyn actuó, sobre todo con River of No Return. Aunque no sea un western de duelo clásico (no predomina el duelo masculino tradicional ni el paisaje desértico arquetípico), la película es un western de aventuras: acción, supervivencia en la naturaleza, confrontación con elementos físicos y un escenario de frontera. En esta película Marilyn no es mero adorno: canta, canta con emoción y resiste físicamente el relato; su vulnerabilidad frente al río, el clima y los personajes establece su presencia dramática dentro del género.

El musical es otro campo donde Marilyn dejó huella. There’s No Business Like Show Business es un musical puro donde la exigencia es doble: canto y presencia escénica unidas a la interpretación. Marilyn no es una cantante de ópera, pero su trabajo musical demuestra sensibilidad interpretativa: la voz, el fraseo y la expresión corporal sirven para caracterizar al personaje, no solo para mostrar voz. Además, en otras películas (como Gentlemen Prefer Blondes o Some Like It Hot) los números musicales son estructurantes y requieren de otra técnica —control respiratorio, intención y precisión rítmica— que Marilyn dominó con inteligencia.


En Bus Stop (1956), la película se inscribe dentro de la comedia dramática. El relato combina momentos de humor ligero con situaciones emocionalmente intensas; la comedia proviene principalmente del personaje de Don Murray, mientras que el drama lo sostiene Marilyn con su interpretación de Cherie. La historia mezcla ligereza y tensión emocional, mostrando un equilibrio entre los gags y las dificultades sentimentales y personales de los personajes. La película es un ejemplo claro de cómo se puede articular una narrativa que alterna risa y profundidad emocional sin romper la coherencia del tono.

The Misfits (1961) se clasifica como un drama puro. La película está construida alrededor de conflictos emocionales y existenciales de los personajes, sin elementos cómicos o musicales que alivien la intensidad del relato. La trama, que gira en torno a Roslyn, su relación con los vaqueros y el desencanto con la vida que la rodea, mantiene un tono constante de gravedad y realismo. Es un ejemplo paradigmático de cine dramático centrado en la complejidad de las emociones humanas y la interacción con un entorno hostil, donde la tensión y la vulnerabilidad son los motores de la narrativa.


Quiero añadir un párrafo específico sobre sus actuaciones secundarias y cameos, porque amplían aún más la idea de versatilidad. En papeles secundarios Marilyn mostró registros que van desde el noir en The Asphalt Jungle, a dramas deportivos como Right Cross, y a películas de historias múltiples como O. Henry’s Full House o We’re Not Married! (antologías/portmanteau films). En esas intervenciones cortas a menudo brilló con destellos de comicidad o de intensidad dramática, lo que demuestra que no solo en papeles principales sino también en apariciones menores tenía recursos para transformar la escena.

Marilyn trabajó de verdad en géneros dramáticos y en tonos que nada tienen que ver con la risa fácil. Películas como Don’t Bother to Knock, Niagara, River of No Return, Bus Stop (parte dramática), Ladies of the Chorus y, en su cénit dramático, The Misfits, muestran una actriz cuya aproximación es mayoritariamente dramática. En esos títulos su trabajo es intenso, controlado y muchas veces sorprendente para quien solo la conoce por los números cómicos. Incluso antes de su formación metodista, Marilyn ya mostraba recursos de contención y de subtexto dramático; tras su paso por Actors Studio (a mediados de los años cincuenta) su registro se enriqueció y se volvió aún más psicológicamente profundo. Por eso no es extraño que Bus Stop y The Misfits se consideren hoy sus cumbres dramáticas: son roles donde la técnica dramática y la vulnerabilidad convergen con fuerza.


Si analizamos film por film según el tipo de actuación que predomina, emerge un mapa interesante y no rígido. En Some Like It Hot y en Let’s Make Love la actuación de Marilyn combina comedia, drama y musical de manera equilibrada: hay gags y clímax cómicos, sí, pero también números musicales que exigen otra técnica y escenas de emoción contenida. En esos dos ejemplos no hay un solo “tipo” de actuación predominante: son papeles poliédricos. En Bus Stop domina el drama pero queda lugar para la ironía y para alguna pulsión musical menor; en River of No Return predomina el drama, pero el personaje canta (musical) y hay secuencias de acción y supervivencia; en Gentlemen Prefer Blondes la comedia manda, pero el componente musical es estructural y esencial; en There’s No Business Like Show Business el musical y el drama son los ejes principales aunque la comedia aparezca en retazos; en Don’t Bother to Knock sobresale el drama con pinceladas de acción y, en cierto sentido, elementos de terror psicológico; Niagara es sobre todo thriller/drama con momentos de sexualidad, algo de acción y, sorprendentemente, trazas que podrías llamar casi cómicas por contraste; y películas como How to Marry a Millionaire, The Seven Year Itch, The Prince and the Showgirl o The Misfits son, respectivamente, ejemplos de que varios films pueden concentrarse en un solo registro —comedia pura, comedia pura, comedia romántica y drama puro— aunque incluso en estos casos persista alguna pequeña incursión en otros tonos.

Un punto crucial para entender esa progresión es su paso por el método. Marilyn estudió con Paula Strasberg y acudió al Actors Studio en los años cincuenta; esta etapa no transformó su talento cómico, pero sí afinó su trabajo dramático. La actuación metódica aportó mayor interioridad, mayor verdad psicológica y una nueva paleta emocional que explotó de manera excelentísima en Bus Stop y, especialmente, en The Misfits. Dicho de otro modo: la Marilyn metódica consolidó una actriz que ya tenía recursos dramáticos, y los elevó a niveles que la colocan entre las intérpretes más interesantes de su generación en escenas no cómicas.


Para cerrar, conviene insistir en un matiz definitivo: es muy posible —y defendible— sostener que Marilyn Monroe fue la mejor actriz de la historia en el terreno de la comedia. Su capacidad para hacer reír partiendo de un personaje que era a la vez vulnerable y astuto, su control del gag y su carisma técnico la sitúan en un pedestal. Pero esa afirmación no debe borrar la otra: Marilyn fue también una actriz dramática y musical de alto nivel, capaz de transformar su voz y su cuerpo en herramientas de actuación muy distintas. Pocos intérpretes han mantenido un nivel competitivo tan alto en comedia, drama y musical a la vez. Esa doble cara —la reina de la risa y la actriz de interioridad— es lo que hace a Marilyn, hoy más que nunca, una figura fascinante y difícil de encasillar.

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