Cuando Marilyn Monroe actúa en piloto automático

En este artículo voy a analizar tres películas en las que, en mi opinión, Marilyn Monroe actúa en un estado que se podría describir como “going through the motions”, es decir, en piloto automático. Esta idea no implica en ningún caso que sus interpretaciones sean malas o deficientes; de hecho, en las películas que voy a mencionar, Marilyn sigue actuando bien e incluso de forma sólida en muchos momentos. Sin embargo, sí se percibe una diferencia importante en la energía y la implicación emocional con respecto a otros trabajos suyos. Es como si estuviera cumpliendo con el personaje de forma profesional, pero sin esa capa extra de intensidad o conexión que hace que sus mejores interpretaciones destaquen tanto. Este artículo no busca criticar su talento, sino explorar esos casos en los que el contexto parece haberla llevado a una interpretación más automática.



River of No Return (1954)



River of No Return es, probablemente, el ejemplo más claro de este “modo piloto automático” dentro de la filmografía de Marilyn. Es una película que, según distintas biografías y relatos de producción, no le interesaba especialmente y en la que no se sentía del todo cómoda ni con el proyecto ni con su desarrollo. A esto se suma su relación muy complicada con Otto Preminger, marcada por tensiones durante el rodaje, lo que contribuyó a un ambiente de trabajo poco estable y a una experiencia poco motivadora para ella.

Aun así, esto no significa en absoluto que Marilyn esté mal en la película. De hecho, su interpretación es bastante buena en muchos momentos. Tiene una química muy sólida con Robert Mitchum, que funciona especialmente bien dentro de la dinámica de la pareja protagonista. Además, su uso de un tono de voz más grave encaja muy bien con el carácter más duro y práctico de Kay, aportando un contraste interesante. Los números musicales también son excelentes y muestran, como siempre, su enorme talento natural.



Sin embargo, en conjunto sí se percibe cierta desconexión, probablemente ligada al desinterés con el proyecto y a las condiciones del rodaje, en el que incluso llegó a lesionarse el tobillo. El resultado es una actuación correcta, con momentos muy buenos, pero que no alcanza la intensidad emocional de sus mejores interpretaciones. Esa mezcla de profesionalidad y distancia es lo que hace que aquí pueda hablarse de un cierto “piloto automático”.

There’s No Business Like Show Business (1954)



There’s No Business Like Show Business es otro caso bastante claro dentro de este estado de “piloto automático” en la filmografía de Marilyn. En este proyecto, Marilyn no tenía un interés especial por hacer un musical puro y no quería quedar encasillada como otra estrella al estilo Betty Grable (con quien no trabajó en esta película, sino en How to Marry a Millionaire). Aun así, aceptó el proyecto principalmente por motivos contractuales: 20th Century Fox le prometió que después le permitirían rodar The Seven Year Itch, lo que ya lo convierte más en una decisión estratégica que creativa.

Además, Marilyn se encontraba en un entorno dominado por intérpretes muy especializados en el musical clásico, lo que la hacía sentirse en cierta medida fuera de lugar dentro del conjunto, aunque sin llegar a un conflicto abierto. Ella era muy capaz en el género musical, pero no era su identidad principal, sino un complemento dentro de sus películas, lo que la diferenciaba claramente del resto del elenco.



En cuanto a la interpretación, la película es irregular en su caso. En los números musicales está absolutamente excelente, y de hecho ahí es donde realmente brilla su presencia en la película. Sin embargo, fuera de esos momentos, aunque cumple bien como Vicky Parker y el personaje tiene interés, se percibe una menor implicación emocional. No es una mala actuación en absoluto, pero sí una en la que se nota ese “piloto automático”, funcionando más desde lo profesional que desde una conexión creativa profunda.

Let’s Make Love (1960)



Let’s Make Love es otro caso bastante claro dentro de este estado de “piloto automático” en la filmografía de Marilyn Monroe. En este momento de su carrera, Marilyn seguía bajo contrato con 20th Century Fox, que la obligaba a completar cuatro películas en siete años, aunque ya tenía algo más de libertad para elegir proyectos y trabajar con otros estudios. Dentro de ese margen, Let’s Make Love fue, según se suele entender, la opción “menos mala” para ella, más que una película que realmente le entusiasmara, y el guión, bastante flojo, tampoco ayudaba a generar implicación creativa.

Aun así, dentro de esas limitaciones, Marilyn consigue una interpretación buena en términos generales. Hay momentos en los que saca partido de lo que tiene y, como en otros casos, vuelve a brillar especialmente en los números musicales, donde su carisma natural aparece sin esfuerzo. Sin embargo, fuera de esos momentos más brillantes, se percibe una cierta sensación de distancia, como si estuviera cumpliendo más con el trabajo que completamente inmersa en el personaje, lo que encaja con esa idea de “piloto automático”.



A pesar de todo, es importante destacar que, incluso en un proyecto poco inspirador y con un guión débil, Marilyn está claramente muy por encima de su coprotagonista Yves Montand, lo que demuestra una vez más su presencia y talento natural incluso en materiales menos favorables.

Conclusión

En conjunto, estas tres películas muestran una faceta muy concreta de Marilyn Monroe: no la de una actriz incapaz o desganada, sino la de una intérprete que a veces trabajaba con una distancia evidente respecto al material. En River of No Return, There’s No Business Like Show Business y Let’s Make Love sigue habiendo talento, presencia, magnetismo y hasta momentos brillantes, pero también se nota que Marilyn no estaba completamente conectada con lo que estaba haciendo. Por eso hablar de “piloto automático” me parece una forma bastante precisa de describirlas: no porque actúe mal, sino porque actúa de manera correcta, profesional y muchas veces muy buena, pero sin esa chispa de implicación total que sí se percibe en sus mejores trabajos.

Al final, este artículo también dice mucho del sistema en el que Marilyn trabajaba. No todas sus películas nacían del entusiasmo, y no todos sus rodajes estaban pensados para sacarle el mejor partido posible. A veces el material era flojo, otras veces el contexto era incómodo y otras simplemente no era el tipo de película que ella quería hacer. Y aun así, incluso ahí, Marilyn seguía cumpliendo, a veces incluso por encima de lo que el propio proyecto merecía. Esa es una de las razones por las que sigue siendo tan fascinante: incluso cuando está en modo automático, rara vez deja de ser Marilyn.

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