Marilyn Monroe como autora

Marilyn Monroe no era solo actriz sino que además era una autora, debido a que ella inventó o se convirtió en la referencia en una serie de aspectos de la actuación y del cine que se volvieron característicos de ella. Ahora lo voy a explicar en detalle.



La teoría del autor nace en la crítica francesa de los años 50, especialmente en la revista Cahiers du Cinéma. Su idea central es que, aunque una película sea el resultado del trabajo de muchas personas, el director puede ser considerado su verdadero “autor” cuando logra imprimir una visión personal reconocible a lo largo de sus obras. Es decir, no importa solo la historia o el guion, sino la manera en la que esa historia está puesta en escena, filmada y construida: el estilo, los temas recurrentes, la forma de encuadrar, de narrar y de mirar el mundo. Para los críticos franceses, un autor no es simplemente alguien que dirige, sino alguien cuya obra mantiene una coherencia interna, como si cada película fuera un capítulo de una misma voz creativa. Por eso valoraban especialmente a directores que, incluso trabajando dentro del sistema de estudios, conseguían mantener una identidad propia visible en pantalla.

Una crítica habitual a esta teoría es que se ha centrado demasiado en lo visual y en el estilo formal, como si la autoría solo existiera cuando hay una firma estética evidente en la imagen. Sin embargo, la autoría también puede entenderse desde lo narrativo o lo temático. Por ejemplo, John Huston puede verse como un autor en este sentido, ya que muchas de sus películas giran en torno a personajes perdedores que persiguen algo de forma obsesiva y acaban fracasando. Además, incluso desde lo visual, también encaja en la idea de autor, ya que su trabajo en el desarrollo del cine negro ayudó a consolidar un estilo muy concreto, con códigos visuales reconocibles que acabaron siendo característicos del noir.


Esta idea de los actores como autores no es completamente original, ya que muchos críticos y teóricos han hablado de ella, aunque a diferencia de la teoría del autor en dirección es un concepto mucho menos consolidado dentro de la crítica cinematográfica. Aun así, es una forma interesante de entender a ciertos intérpretes. La idea es que hay actores que, normalmente aquellos que se convierten en grandes estrellas, en algunos de sus papeles —no necesariamente en todos— unen una serie de características comunes que acaban formando parte de su identidad interpretativa. No significa que “siempre hagan de sí mismos”, como se dice de forma simplista, sino que tienen una especie de esencia reconocible dentro de su forma de actuar, aunque los personajes no tengan nada que ver entre sí. No es que sean peores actores, sino que tienen una marca propia.

Por ejemplo, si pensamos en Al Pacino en los años 70, podemos comparar a Michael Corleone con Frank Serpico. Son personajes completamente distintos en historia, contexto y personalidad, pero en ambos se puede ver una vulnerabilidad contenida que en ciertos momentos explota de forma intensa e incluso histriónica. Esa tensión entre control y explosión es muy característica de Pacino y forma parte de su autoría como actor. No es que interprete siempre lo mismo, sino que existe una firma reconocible. Yo también entiendo esta autoría actoral como ciertas innovaciones en la forma de actuar en aspectos concretos. Estas innovaciones pueden ser inventadas por el propio actor o no, pero lo importante es que ese actor se convierte en la referencia absoluta de esa forma de interpretación, quedando asociada a su figura.



Si dejamos a un lado los prejuicios que muchos críticos tienen —y sobre los que seguramente haré un artículo próximamente—, podríamos ver que Marilyn fue una actriz de vanguardia en muchos sentidos que voy a explicar a continuación.

Empecemos con la comedia. Antes de nada quiero aclarar una cosa: Marilyn no es una sucesora de Jean Harlow. Marilyn adoraba a Jean Harlow, y en su época muchos las comparaban, pero en realidad, en cuanto a interpretación, no hay tantas similitudes entre ambas más allá de ser rubias. Jean Harlow también es una autora por cierto, pero Marilyn no es su continuación ni su sucesora: ella crea algo completamente nuevo.



En sus comedias, independientemente del personaje —y algunos de ellos son muy diferentes entre sí, como Lorelei Lee y Sugar Kane, que no tienen nada en común en personalidad, intereses o experiencias— Marilyn inyecta siempre una combinación muy concreta de rasgos: vulnerabilidad, energía, dulzura y sexualidad. Esa mezcla es completamente marca de Marilyn en sus comedias y no existía de la misma forma antes. Es algo que se puede percibir incluso cambiando de personaje a personaje. Lorelei Lee, por ejemplo, es muy inteligente y segura de sí misma, pero incluso en ella se ve claramente una capa de vulnerabilidad que es marca Marilyn.

Además de esto, Marilyn tiene una autoría muy concreta dentro de la comedia, y un ejemplo claro es Lorelei Lee en Gentlemen Prefer Blondes. A través de este personaje, Marilyn también cambia la forma en la que se construyen las caraduras o cazafortunas. Por definición, este tipo de personajes suelen ser moralmente complejos y no suelen caer bien al espectador, pero con Lorelei Marilyn subvierte completamente esa idea. Lorelei ama los diamantes, sí, es astuta y se aprovecha de los demás en cierto sentido, pero no hay maldad en ella. Su amor por los diamantes es más parecido al de un niño por un juguete: algo inocente, sin cinismo. Incluso su propia lógica es inteligente y coherente para ella; como ella misma dice, que una chica busque a un hombre rico es similar a que un chico busque a una chica guapa. No es que eso sea lo único importante, pero “claro que suma”. Esa forma de ver el mundo la hace más compleja de lo que parece a simple vista.



Pero Lorelei no es solo eso. Ama los diamantes, sí, pero ama aún más a su amiga Dorothy. Su relación con ella es clave: tienen química, se quieren y se protegen. Ahí es donde Marilyn transforma completamente el arquetipo de la cazafortunas: lo humaniza, le añade sensibilidad, vulnerabilidad y lo convierte en un personaje realmente querible. También dentro de la comedia, Marilyn no inventa el estereotipo de la “rubia tonta”, pero sí es justo reconocer que la chica de The Seven Year Itch es probablemente la mejor versión de ese tipo de personaje que se ha hecho y la referencia absoluta del estereotipo.

Dentro del drama, Marilyn mantiene esa vulnerabilidad mezclada con sexualidad que es marca suya en cualquier tipo de interpretación, pero en este género la vulnerabilidad se vuelve aún más acuciante. Aquí, sus personajes no solo son sensibles, sino que están expuestos emocionalmente de una forma mucho más directa y frágil, lo que intensifica todavía más esa firma interpretativa.



Quizás dentro del drama se pueda señalar cierta autoría de Marilyn en Don’t Bother to Knock con Nell Forbes, ya que esa forma de interpretar a una chica con problemas mentales —sin maldad, pero con episodios de inestabilidad y ataques—, extremadamente frágil y vulnerable y al mismo tiempo magnética o atractiva, probablemente sea algo muy asociado a ella. Aun así, siendo realistas, no es una referencia absoluta dentro del cine ni un arquetipo tan influyente como otros de sus trabajos. Otro aspecto importante es que Marilyn forma parte de la primera generación de actores de método en el cine. Evidentemente esto no es una innovación suya, pero sí la sitúa en una posición de vanguardia dentro de la forma de actuar en su época, aportando una mayor profundidad emocional y una construcción más psicológica de sus personajes.

Por último, quiero tocar el musical, porque aquí hay una autoría bastante significativa de Marilyn. Dentro de los musicales de Hollywood, el estilo vocal tradicional estaba muy influido por Broadway, con una proyección más clásica y teatral. Sin embargo, Marilyn se aleja de ese modelo y adopta su famosa “breathy voice”, una forma de cantar más suave, íntima y susurrada, que se acerca mucho más al jazz que al musical teatral convencional. Marilyn no es la primera en utilizar este enfoque vocal, pero sí se convierte en la referencia clara de este estilo dentro del cine musical. Su manera de cantar no busca tanto la potencia o la técnica clásica, sino la cercanía emocional, la sensualidad y una especie de fragilidad sonora que encaja perfectamente con su imagen en pantalla. Esa elección vocal termina siendo una de sus firmas más reconocibles dentro del género.



Como hemos visto, Marilyn tiene varias firmas importantes dentro del cine en distintos ámbitos: en la comedia, el drama y el musical. Esto la convierte en una de las actrices-autoras más destacadas de la historia. No es casualidad que los autores suelan ser estrellas, ya que los autores aportan algo fresco e interesante, no son simples trabajadores haciendo su trabajo. Y en el caso de Marilyn, al haber sido tan innovadora en tantos aspectos, tampoco es casualidad que se convirtiera en la actriz más famosa de la historia.

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